Artículo de Hernán Anguita Gajardo, escrito en 1964.

 “En cualquier raza animal será deber primordial del criador cuidar celosamente su pureza, evitando la infiltración de sangres extrañas que accionarán, invariablemente, en un sentido negativo dentro de ella. Cuando una raza caballar ha logrado establecer en forma bien precisa sus características esenciales de tipo, sello y aptitudes funcionales determinadas, la introducción de sangre ajena será necesariamente un paso más atrás. Es bien sabido que los mestizajes dan, normalmente buenos resultados sólo en las primeras generaciones, para en seguida decaer por el desdoblamiento que se produce de los elementos divergentes que inicialmente, habían logrado conjugarse”.

 

“Nuestra raza caballar chilena, descendiente del caballo español, posee características exteriores y aptitudes morales bien definidas, que son conocidas. Se ejercita por siglos en la vieja España en las funciones especificas de la silla, ya sea montado por guerreros, por simples equitadores o por “harruqueros” (arrieros) andaluces en las mil faenas campesinas.

Pasa a América y su destino será siempre el mismo: silla de guerreros y de pastores o arrieros, llámense huasos, gauchos, charros.

Esta gimnasia funcional ininterrumpida y de duración de siglos desarrolla en él “la aptitud para la silla” y “el instinto resero”.

Caballo de “silla” y caballo de “corral”.

“En este artículo se destacará en forma especial el aspecto corralero de nuestro criollo, ya que la “medialuna” exige de la conjugación total de las mayores virtudes que pueda justamente poseer un caballo de silla: velocidad, extrema docilidad de rienda, resistencia, control absoluto de su sistema nervioso, empuje, energía y coraje en el dominio del vacuno, sufrimiento al esfuerzo que exige el corral y al duro y prolongado adiestramiento a que debe ser sometido. En una palabra, entrega total y absoluta al jinete.

Confirma lo aseverado la observación en la práctica de que un buen caballo corralero es bien difícil que no sea, al mismo tiempo, un excelente animal de montura. Por otra parte, con el correr del tiempo, cada vez será más el caballo un elemento de solaz y de deporte que puramente de trabajo.

El huaso chileno, jinete criollo de calidad superior y no simple campesino, lo ha especializado pues, en la función vaquera; y por más de un largo siglo le estudia y le ubica sus “líneas” de mayor inclinación resera y de mejor natural, y desde entonces tendrá muy presentes a los de más “corazón”.

Porque todo jinete de cualquiera silla y especialidad, sabe muy bien que el buen caballo antes que nada, anda con el corazón, corre con el corazón, salta con el corazón y por lo tanto el buen corralero también antes que nada “atajará con el corazón”.

Obtención del caballo de vacas.            

“La fórmula ideal para obtener un caballo de vacas seria: pureza absoluta de raza”, la que garantizará la totalidad de las condiciones de temperamento y opción de que hemos hablado y el volumen o peso se obtendría exclusivamente a base de una óptima crianza y selección. Es con alguna razón que los ingleses afirman que la talla está en el cajón de avena.

Hemos hablado de la pureza de raza en la obtención del tipo ideal del caballo corralero. Mas, esta afirmación deberá entenderse en forma discriminatoria, en el sentido de que habrá que recurrir, fundamentalmente a las familias que dentro de la raza pura hayan venido demostrando marcada tendencia vaquera. Y todavía más, dentro de estas familias, las líneas o “sub-líneas” que mayores ganadores hayan producido.

No bastará pues, hablar de un Quebrado, un Alcatraz o un Bayo León, sino que habrá de referirse a “un buen Quebrado”, a un “buen Alcatraz” o a un “buen Bayo León”.

En nuestra raza de registro tal elección no constituye un problema. Mas de cien años de conocimiento fidedigno y de probanza continuada en los corrales, presentan muy nítidamente el cuadro de las mejores líneas o familias vaqueras y la verdad es que cualquier aficionado, con criterio objetivo, está en condiciones de ubicarlas.

En resumen un reproductor macho o hembra deberá ser individual y familiarmente apto, en cuanto a condiciones de obra.

“Nada se habrá ganado aun dentro de una selección rigurosamente pura, si no se valorizan, primordialmente las condiciones morales del reproductor.

Fincar las posibilidades de superación solo en el mejoramiento del tipo, talla, volumen, en base a una esmerada crianza y perfeccionamiento de formas exteriores es haber perdido el tiempo”.

Todas las exterioridades podrán cambiarse en una cría caballar por medio de la alimentación y el cuidado, pero lo que jamás podrá cambiarse por tales medios será la voluntad, las “ganas” en una palabra el “corazón” del animal. Las condiciones morales o de temperamento son, normalmente, de patrimonio exclusivo de la sangre, solo por excepción un animal de pobres antecedentes resultará destacado.

Podría afirmarse, sin pecar de exageración que a un ejemplar de bajos antecedentes familiares en cuanto a obra, una crianza regalada más bien podrá contribuir a fomentarle su ineptitud.

Sin embargo para muchos entendidos es poco recomendable seguir las líneas netamente vaqueras de la raza, en atención a que todas ellas adolecen de notorios defectos de construcción.

Así los Guante poseen malos bajos que se estropean antes que otros y su volumen y talla son reducidos. Los Bayo León más destacados en los corrales son, casi siempre exageradamente chicos. Los Alcatraz denotan defectos de aplomos, etc.

Todo esto es verídico, pero sin duda será preferible una corta vida útil de solo 10 a 15 años de un caballo ganador que proporciona satisfacciones, a 15, 20 o más años de una duración mediocre.

Es obvio que el desiderátum de un caballo corralero se habrá conseguido solo cuando se hayan logrado reunir las óptimas condiciones de temperamento con las mejores construcciones mecánicas en todos sus detalles”.

Factores Externos Hereditarios.

La musculatura de un caballo es siempre un buen índice de su capacidad. Músculos duros, firmes y ceñidos, aun cuando sea brevilíneo acompañarán normalmente a las individualidades destacadas y son patrimonio de las familias de mejores condiciones de obra en los corrales.

A la inversa solo por excepción caballos de musculatura fláccida o suelta, carnudos, responderán a las exigencias de la silla y menos aun del corral.

Particularidad también destacada en las familias nobles de la raza es su firmeza de cola, que conviene no subestimar. Caballos coleadores, rabiosos, son animales que denotan propensión al resabio.

“El sello de raza nunca debiera dejar de tenerse en cuenta en la elección de los reproductores. El ejemplar macho o hembra con el tipo de caballo “acampao”, es una buena garantía de seguridad de que la raza está presente”.

 

Foto: Hernán Anguita G. montado en Paicavi Tañar en su fundo Anique-Cañete, marzo 1964.