Por A.M.G.

Comienza una nueva temporada de rodeos la que nació en 1860, cuantos años han pasado, exactamente 153 años, desde que el rodeo fue considerado un deporte, no una faena del campo necesaria, sino una entretención de los huasos y sus caballos la que se reglamentó y ordenó.

 

Estos primeros rodeos se efectuaban en medialunas de pircas, y luego de ramas, señalando con una bandera el lugar de la atajada y de la misma forma actual, un jinete arreaba y otro atajaba en forma intercalada. Todos estos relatos están contenidos en el libro la Historia del Rodeo Chileno, que la Federación del Rodeo prontamente publicará.

Para entender esta tendencia a "atajar" del caballo chileno y su aptitud de rienda y vaquera lo que se llama "instinto resero", debemos remontarnos a siglos antes de nuestra vida patria. Este instinto de perseguir ganado vacuno, por cerros, quebradas, hondonadas, y sierras planas comienza a gestarse en el caballo americano en los primeros años de su asentamiento y cuando ya el ganado vacuno se hizo masivo y creció en libertad igual que la reproducción de caballos fue más intensa en América Central, ahí los primeros los colonos perseguían las vacadas para "desjarretarlas" para luego proceder a la matanza del ganado para el consumo de los habitantes de las colonias, lo que se siguió haciendo en Chile hasta fines del 1800, y contribuyó sin duda a formar jinetes y caballos con esa aptitud, que unidas al adiestramiento, crianza esmerada y en confinamiento, se logró un caballo diferente, seleccionado y mejorado. 

Nos enseñan los últimos estudios antropológicos que aseveran que el caballo existió en América antes que en Europa pero que se extinguió. Por lo tanto todos los caballos que llegaron de España traídos por los descubridores fueron caballos de silla, mansos y enseñados, que en un principio tenían la función guerrera, la que fue de vital importancia en dicha época. Nunca llegaron a América caballos salvajes o en manadas, aquí se "asilvestraron" y criaron en yeguadas libres en muchos países, pero todos eran descendientes de los originarios de España.

Se tiene como un gran aporte que los primeros caballos fueron cambiados al embarcarse en España, en segundo viaje de Colon, ejemplares lujosos por unos ejemplares rústicos y sufridos, y no trajeron los que habrían comprado para el destino original, más elegantes y hermosos. Años después llegaron caballos de las castas más hermosas y valiosas de la España de la época, y especialmente a Chile los trajo García Hurtado de Mendoza, que fue el gran impulsor de los Juegos Ecuestres y del Paseo del Estandarte el día del Apóstol Santiago.

Por otro lado Pedro de Valdivia trajo sus caballos de Charcas, su Encomienda, según Garcilaso de la Vega (nacido en 1539 en el Cuzco), ese lugar que era considerado como productor de los mejores caballos de América. El Conquistador llegado a Chile encomendó al Presbítero Rodrigo González de Marmolejo (1488-1564) una crianza de caballos en Melipilla, lo que se efectuó con reconocido éxito, porque necesitaban caballos para la conquista de Chile y la guerra de Arauco.

Cuando llegó al sur, García Hurtado de Mendoza que se vino de La Serena en barco y pasó directo a Concepción, el padre Rodrigo González le llevó personalmente de regalo, viajó por tierra a Concepción, 10 de sus mejores caballos nacidos ya en Chile.

A su vez Juan de Cuevas (1513-1591), primer Alcalde de Santiago, también inició una crianza de caballos que vendía al ejército para ir a combatir a Arauco, y dicen los historiadores que los mejores de su crianza se los traía a su chacra a Ñuñoa-Santiago. Esto hace presumir que eran caballos amansados, educados a la rienda, mansos, dóciles, obedientes y de "silla de patrón", única manera de calificar un buen o mal caballo.

 

El Paseo del Estandarte, fiesta que duró cientos de años, obligó a criar caballos educados, y se nombraron "yegüerizos" que eran las personas encargados de cuidarlos y adiestrarlos a la usanza de la época.

El sacerdote jesuita Alonso Ovalle (1601-1651), considerado el primer historiador de Chile, destaca la calidad de los caballos del reino de Chile, y las cualidades de jinetes de sus hombres de campo y lo mucho que los cuidan y adiestran a la rienda.

Otros Gobernadores españoles también gozaban de los Juegos ecuestres especialmente Gabriel Cano y Aponte (1665-1733) considerado el primer huaso, que murió en una exhibición de valentía y destreza, tratando de hacer que su caballo escalara una pared, éste se levantó en la patas, puso la manos en la pared en línea recta vertical y por supuesto se fue de espaldas al tratar de volver a la horizontal y aplastó al Gobernador que días después murió. Este episodio indica la confianza del jinete en su cabalgadura y lo "arreglado" que debe haber estado dicho caballo para pedirle semejante demostración.

Así desde los primeros tiempos se fue gestando la crianza en el país, y ya por esa época José de las Cuevas y Cárdenas (1750-1821) era reconocido criador de caballos chilenos, y los heredó a su hijo Pedro de las Cuevas Guzmán (1775-1860) que criaba en su hacienda El Parral de Doñihue, y que fue un zootecnista de nivel mundial, porque de su cría por línea directa corresponde al 90% de los caballos chilenos actuales (El Caldeado-El Quebrado-Bayo León-Angamos-Halcón I- El Ñato-Traidor I-La madre de Guante II-La madre de Cristal I). 

Contemporáneo eran los famosos caballos Quilamutanos de Santiago Valenzuela el cual desde 1790 al 1813 fue dueño de hacienda Quilamuta, la que en 1853 pasó a manos de los hermanos Santiago y Ramón Toro. Otro centro de crianza destacado erala hacienda La Compañía, por esos años de Mateo de Toro y Zambrano, que después pasó a la familia Correa, y se formaron los criaderos Los Torunos y Miraflores y los "ovallinos" de Doña Adelaida Correa de Ovalle, todos criadores de magníficos caballos chilenos. Contemporáneo fue Don Vicente Egidio García Huidobro ya propietario de las haciendas de El Principal y Catemu, de su familia desde 1720, el cual compró en 1800 la hacienda de Paine, al sur del Maipo donde criaba muy buenos y afamados caballos chilenos.

Claudio Gay, Vicente Pérez Rosales, Benjamín Vicuña Mackenna, Nicanor Molinare, etc. del 1800 en adelante, destacan en sus escritos la cualidad sorprendente del caballo chileno para la Rienda, los vieron en acción y los reconocen como excepcionales y únicos.

En época posterior José Letelier Sierra (1812-1891) y su hermano Wenceslao compró a la familia Larraín Gandarillas la hacienda Aculeo en 1860, que ya tenía caballos puros y seleccionados desde muchos años anteriores, y que en1861 a la muerte de Pedro de las Cuevas compran en remate liquidación de sus bienes, 13 yeguas tordillas y se inicia la época de oro del criadero que culmina con la llegada del Angamos.

Retomando el tema del inicio del rodeo en 1860, ya es reconocido el "arreglo a la rienda y su calidad corralera" de grandes Fundadores de Familia como Bayo León (1858-1891), Guante I (1867-1890), Codicia (1876-1900), etc. (Stud Book de la Raza Chilena-Sociedad Nacional de Agricultura, editado en 1937).

Por lo tanto la calidad funcional del caballo chileno comienza ya en 1600, y eso explica la firmeza de su genética que lo ha hecho un "mejorador" en otros países. Debemos acostumbrarnos al concepto que los Jefe de Familia de la raza chilena han entregado ejemplares no exclusivamente "corraleros" sino que "funcionales", porque los hijos y nietos de El Paleta, Condorito, Aniversario, Hornero, Taco, Estribillo, Rotoso son los de mejor desempeño en pruebas ecuestres en diversos países, donde no se practica el rodeo chileno. Mantener el Registro cerrado y seguir siendo una de las pocas razas puras del mundo, es una garantía futura para todos los que quieran disfrutar de ella, en cualquier lugar.