Juan Carlos Loayza galopando a Delicada T.E.

Por A.M.G.

 

Siempre me entretengo mucho observando en el picadero de Rancagua durante el desarrollo del Nacional a los distintos jinetes y sus caballos en el paseo del picadero.

En esta ocasión mientras se corría el 2° animal de la final me fui un momento a mirar al picadero y estaba Juan Carlos Loayza en su yegua Delicada preparándola para entrar a la medialuna a disputar el 3° y 4° animal.

Como es un maestro consagrado y uno de los más grandes de la historia bien valía la pena mirar lo que hacía y como lo hacía, y lo comparto para que cada uno saque sus conclusiones y enseñanzas.

 

En un momento de gran nervio por estar disputando la final y con plenas posibilidades de llegar arriba, lo que a cualquier jinete altera al máximo, vemos al “maestro” galopando con una tranquilidad inmensa como si estuviera en su casa en un día normal de trabajo.

Esa actitud de calma la traspasa a su yegua la que ejecuta el ejercicio sin ninguna alteracion, va galopando al revés, con ritmo, con la rienda casi libre, mano muy liviana, la yegua tasca un poco el freno y en la boca con espuma blanca señal de aceptación.

El jinete muy bien sentado no se mueve de la montura, conduce a un solo ritmo “caballo y jinete”, lo que en idioma huaso se denomina “conjunto”, “binomio” en equitación, a pesar de hacer un galope muy difícil la yegua cruza las manos y patas sin toparse y sin alteraciones, con suma facilidad, y con la boca muy cerrada, un caballo absolutamente controlado, “arreglado” al máximo, tranquilo sin tratar de arrancarse apenas siente alivio en al presión de la rienda como es lo habitual, y detiene a su yegua sin hacerla entrar las patas, solo le da la orden con la rienda de detenerse, sin golpear su boca con la excesiva presión normal, no la hace entrar las patas como es lo habitual y la manera de muchos jinetes de creer que su caballo está arreglado, entrar la patas y basta, aquí pueden observar con detención una infinidad de detalles de la razón del porqué Santa Isabel tiene tantos logros, y es por sus “caballos muy bien arreglados”.    

Un caballo que “espere” la orden en la atajada antes de irse sobre el novillo, es la máxima expresión de ello, “dar la esperá” dicen los huasos entendidos.